Por Abel Farré
Atrapado en la ciudad que me vio nacer, cada una de las cosas con las que me voy encontrando me parecen banales. Cada uno de los espacios y objetos que me rodean no despiertan ninguna emoción en mi interior. Quiero volver a sentirme como un niño para volver a oler, tocar y sentir cada una de las cosas que me encuentro, quiero volver a sentir que el viaje de la vida está en cada uno de ls objetos qu nos rodean.
Quiero conocer cada uno de aquellos objetos característicos de cada uno de los países que visito, quiero vivir con ellos, quiero ver qué emociones me despiertan…
Vosotros desde vuestras casas podréis viajar a un mundo en donde existen diferentes costumbres pero que en el fondo llora, sufre, se alegra,… por unos mismos hechos que están presentes en nuestro día a día.
Permitiros soñar desde casa, pues si vosotros queréis, cada uno de los días de vuestra vida puede ser muy especial.
Título
Bolivia: ¡Oh Tarija!
Objeto
Erke
Referencia del objeto con alguna sensación o sentimiento con el que me si sentí identificado en el momento de escribir la postal:
“Porque seguiremos uniendo cañas para hacer llegar más lejos su SONIDO, porque seguiremos COMPARTIENDO NUESTRAS VIDAS para hacer llegar más lejos nuestra AMISTAD”
Escrito
Un nuevo soplo de aire fresco allí en el Departamento de Tarija, donde en un clima Mediterráneo me aguardaba una sonrisa tras bellos rostros de tez morena. Había pasado más de un mes tras la vista de aquellas primeras etiquetas pegadas a una botella en donde se podía leer su nombre y finalmente había llegado el momento de poderme pasear entre viñedos, al momento que cazaba ese paladar áspero entre catas por el Valle de Concepción.
Producciones artesanales, industriales, orgánicas, con pesticidas; cada una de ellas relataban viejas historias tras la sombra de esa bóveda de piedra que aguardaba viejas barricas en donde al cabo de unos meses unos podrían dar impulso a la felicidad que imperaba en esa zona.
En pocos días los saludos de amistad aumentaban por la calles y la luz y el color parecían tomar el aroma de esa frutilla tan ausente en esos últimos meses. A la entrada al mercado, Karina me festejaba con un rico plato de albóndigas que veía aumentado con un plato de sopa tras el guiño de aquella joven que buscaba solución a mi flaco cuerpo.
Mientras, las historias de Julián dejaban entrever su devoción por la música flamenca, al momento que tatareaba entre armónicos vocales las pinzadas de Paco de Lucía; el sueño de España le parecía lejos y mientras mataba su ansiedad con breves escapadas a Salta, dónde la chacarera daba aliento a su creatividad. Matías, en cambio, no había salido de Bolivia pero estaba feliz tras esa visita fugaz a Tarija donde el abrazo de sus nietos permitía entrever su emoción entre pequeñas hojas de coca que no dejaba de masticar.
Entre charlas y copas de vino aparecían nuevas clases de inglés de aquellos que me acompañaban esos días, que parecían facilitar mis posibles salidas laborables que se avecinaban. Pues, como siempre, todo pasa por algo y la anunciación de un posible cambio de ruta venía caracterizado por los últimos encuentros.
Y al llegar al hostel, la pequeña Mari Luz siempre me esperaba con ese puzle de madera en donde las letras del Abecedario aparecían tras esos dibujos de animales que recitábamos tras la sonrisa de su madre; ella nos miraba sonrojada tras esa cortina y puerta de entrada a ese humilde pero feliz hogar.
Pero siempre tendría aquellos momentos de mi propia singularidad individual, donde me recompensaba con una escapada a esas Waterfalls de Coimata donde podría hacer un nuevo guiño a esa naturaleza que tanto me había acompañado durante los últimos días. Pues uno siempre recuerda a aquellos que le han ofrecido sin recompensa alguna.
La verdad es que a muchos de vosotros no os veo ahora, pero quiero que sepáis que sigo recordando todo lo que me ofrecisteis…

