Un viaje, una emoción, unos objetos, unas costumbres (3)

Por Abel Farré

 

Atrapado en la ciudad que me vio nacer, cada una de las cosas con las que me voy encontrando me parecen banales. Cada uno de los espacios y objetos que me rodean no despiertan ninguna emoción en mi interior. Quiero volver a sentirme como un niño para volver a oler, tocar y sentir cada una de las cosas que me encuentro, quiero volver a sentir que el viaje de la vida está en cada uno de los objetos que nos rodean.

Quiero conocer cada uno de aquellos objetos característicos de cada uno de los países que visito, quiero vivir con ellos, quiero ver qué emociones me despiertan…

Vosotros desde vuestras casas podréis viajar a un mundo en donde existen diferentes costumbres pero que en el fondo llora, sufre, se alegra,… por unos mismos hechos que están presentes en nuestro día a día.

Permitiros soñar desde casa, pues si vosotros queréis, cada uno de los días de vuestra vida puede ser muy especial.

 

 

 

Título

Perú: Líneas de Nazca – Dos estacas “unidas” por un cordel roto

Objeto

Estaca

Referencia del objeto con alguna sensación o sentimiento con el que me si sentí identificado en el momento de escribir la postal:

“A veces necesitamos tirar líneas rectas para marcar nuevos destinos; a veces necesitamos romper con lo que nos ata para sentir que aún tenemos la LIBERTAD de descubrir las cosas por nosotros mismos”

Escrito

La araña, el mono, el colibrí, the dog, the parrot,… al cabo de media hora; Aero certifica que el Sr. Abel Farré ha sobrevolado las Líneas de Nazca (Perú), Patrimonio Cultural de la Humanidad, el día 19 de febrero de 2013, a bordo de nuestra aeronave. Yo, sinceramente, me quedaba con el recuerdo de ir moviendo la cabeza de izquierda a derecha mientras el niño de atrás inhalaba toallitas húmedas de limón para no evacuar el último desayuno continental ingerido. Asimismo me llevaba el recuerdo de mi rostro con sonrisa estúpida apoyado en una avioneta esperando a Kelly McGillis.

Así que cabezón de mí, y tras unos días leyendo sobre los enigmas que se escondían tras esas imágenes, me dispuse a buscar nuevas alternativas que satisficieran las esperanzas que había depositado en aquel entorno. Una vez en tierra me dirigí a la estación de autobuses; según parece existía un mirador metálico en medio de la Panamericana Sur en donde podría ver a unos pocos metros de altura la imagen del Árbol y de la Manos. El conductor de autobús me comentó que me dejaría allí y que cada media hora pasaba un bus de vuelta a Nazca que, mediante levantamiento de brazo, procedería a mi rescate. Oh yeah me dije!!! (Exclamación estúpida que utilizas cuando llevas de nuevo unos días en un Hostel).

Sin haber llegado aún al mirador, me di cuenta de que a través de esa autopista hacia el infinito realmente todo estaba cambiando; viento, arena, piedras, laberintos de zanjas, matojos polvorientos, montañas rojizas. Y finalmente llegó el momento; salté del autobús, cruce rápidamente la autopista esquivando los pesados camiones y subí corriendo esas escaleras metálicas al momento que lanzaba dos nuevo soles al buen hombre que bajo temperaturas amargas custodiaba la zona.

Realmente allí arriba cambiaba el tema, eran poco más de las dos del mediodía y la plataforma estaba vacía; así que pude restar durante media hora sentado observando aquello sobre lo que había leído días atrás. Posiblemente no eran imágenes tan grandes como esperaba, pero la situación, el momento, el viento, el silencio… le daban una fuerza que satisficieron claramente mis necesidades. De nuevo con auriculares en las orejas todo era mejor, hoy sonaba MYM, felicidades M (21 de febrero).

Como fin de fiesta y de vuelta a Nazca, el Cerro Blanco, la duna más grande del mundo, aparecía frente a mí para darme la enhorabuena, y yo con total satisfacción llegaba al Hostel y decía; Heyguys, seeyouonanother place!!!