Por Abel Farré
Atrapado en la ciudad que me vio nacer, cada una de las cosas con las que me voy encontrando me parecen banales. Cada uno de los espacios y objetos que me rodean no despiertan ninguna emoción en mi interior. Quiero volver a sentirme como un niño para volver a oler, tocar y sentir cada una de las cosas que me encuentro, quiero volver a sentir que el viaje de la vida está en cada uno de los objetos que nos rodean.
Quiero conocer cada uno de aquellos objetos característicos de cada uno de los países que visito, quiero vivir con ellos, quiero ver qué emociones me despiertan…
Vosotros desde vuestras casas podréis viajar a un mundo en donde existen diferentes costumbres pero que en el fondo llora, sufre, se alegra,… por unos mismos hechos que están presentes en nuestro día a día.
Permitiros soñar desde casa, pues si vosotros queréis, cada uno de los días de vuestra vida puede ser muy especial.
Título
Perú: Valle del Colca – Del hombre a la naturaleza y de la naturaleza al hombre
Objeto
Tablilla
Referencia del objeto con alguna sensación o sentimiento con el que me si sentí identificado en el momento de escribir la postal:
“Así como esas tablillas deformaban los rostros de los Collaguas para diferenciarse de los Cabanas; ahora seguimos siendo HUÉRFANOS DE PALABRAS PARA EXPRESAR LO QUE SOMOS”
Escrito
Tras la búsqueda del cóndor allí en donde la cruz toma su propio nombre, nos desplazamos hasta Chivay, la capital de la región del Valle del Colca. Había sido un duro camino guiado por la verticalidad de aquellas piedras que veneraban a los Apus Incas y por las verdes terrazas escarpadas sobre rocosas montañas sagradas que emergían a lo largo del cañón más profundo nunca visto.
A pocos kilómetros de allí nos encontrábamos con los baños termales de “La Calera”, los cuáles podrían ahuyentar un cansancio acrecentado por los problemas de altura, pues nos encontrábamos a más de 4.900 metros; pero como cautivado por la atmósfera de ese pueblo, opté por quedarme en tierra para conocer qué escondía esa cultura.
Eran días de carnaval y por las calles la gente vestía con atuendos tradicionales cargados de colorido. Pero era un colorido que parecía mantener un dualismo con unos rostros silenciosos llenos de identidad propia que parecían restar importancia a la concepción del tiempo. Unos rostros que enriquecían su pensar con la mera observación de todo aquello que parecía no ser visible por mí mismo. Yo, avergonzado del sonido de mis propios pasos, opté por sentarme en una de aquellas aceras sombreadas, esperando entender algo; como aquel que inmerso en la oscuridad no absoluta espera la llegada de una imagen que le dé sentido al espacio que ocupa.
Tras permanecer en silencio, todo aquello que me rodeaba empezó a tomar vida poco a poco; la misma mujer que cerca de mí vendía su propia cosecha se interesaba con cortas preguntas y tímida sonrisa, acerca de mi procedencia, de mi viaje… pero, curiosamente, aquella ausencia de palabras que hacía unos momentos echaba en falta, ahora me desbordaba, pues sentía como si mis respuestas fueran banales frente a la sabiduría de una gente que había aprendido a hablar sin abrir la boca con unos dioses que venían representados por la propia naturaleza.
Con todo aquello aprendí que no es necesario hablar para sentirte que estas presente, sino que con la mera expresión que recibimos de la interacción no sólo con los humanos sino con la naturaleza, muchas veces es más gratificante que la espera de palabras sin sentido que intentan ocupar el tiempo y el espacio.
No por ello dejé de hablar con esas ya tres mujeres, pues aún me encontraba lejos de poder expresar en silencio todo aquello que pudiera llevar dentro de mí.
-… sí, de Barcelona…
-… sí, llevo más de dos meses viajando…
– … sí, visité Arequipa; fui cruzando por cada una de aquellas calles de sillar blanco que iluminaban la atmósfera nublada coronada por las fumarolas del volcán Misti. Tal vez con catálogo plastificado en mano recordaré la arquitectura religiosa y colonial que me ofreció.
Las recordaré a ustedes, así como a toda la gente que me acompañó durante estos días… Esto no sé si lo dije, pero espero que lo expresara…


