Un viaje, una emoción, unos objetos, unas costumbres (20)

Por Abel Farré

 

Atrapado en la ciudad que me vio nacer, cada una de las cosas con las que me voy encontrando me parecen banales. Cada uno de los espacios y objetos que me rodean no despiertan ninguna emoción en mi interior. Quiero volver a sentirme como un niño para volver a oler, tocar y sentir cada una de las cosas que me encuentro, quiero volver a sentir que el viaje de la vida está en cada uno de los objetos que nos rodean.

Quiero conocer cada uno de aquellos objetos característicos de cada uno de los países que visito, quiero vivir con ellos, quiero ver qué emociones me despiertan…

Vosotros desde vuestras casas podréis viajar a un mundo en donde existen diferentes costumbres pero que en el fondo llora, sufre, se alegra,… por unos mismos hechos que están presentes en nuestro día a día.

Permitiros soñar desde casa, pues si vosotros queréis, cada uno de los días de vuestra vida puede ser muy especial.

 

Título

Bolivia: Sorata, la capital del Treking en Bolivia y yo pensando en los días

Objeto

Palmera

Referencia del objeto con alguna sensación o sentimiento con el que me si sentí identificado en el momento de escribir la postal:

“Así como una palmera nos muestra SIN MIEDO sus señales de crecimiento, nosotros parecemos olvidarlos con frecuencia por estar demasiado PENDIENTES DEL TIEMPO”

Escrito

Podría ser una tarde de domingo de cualquier lugar; niños correteando con cara sucia apurando los últimos minutos de suspiros a balón gastado, madres cargando neveras vacías en camionetas que volvían a ciudad, padres escuchando esa moviola deportiva que ladraba los últimos goles de la jornada, ágora de consultorio social, médico, humano… podría ser una tarde de domingo de cualquier lugar que hubiera visto crecer mi infancia

Me imaginaba esos momentos en que, cargado de sudor arenoso, me subía al carro familiar para volver a la realidad del llamado lunes; en cambio, a día de hoy no me importan los días ni por nombre ni por número, pues cada uno de ellos será recordado por algo especial y su nombre será designado por mí mismo.

Ayer, por ejemplo, fue el día de la búsqueda de la Laguna Chilata allí en Sorata. Recordare esa fatigada subida entre sierras curtidas, montañas nevadas, ovejas rizadas, chanchos coloridos, jóvenes pastores, pizarras arrojadas, sonrisas chilotas, vacas sorprendidas… y cómo no esa neblina que nos acechaba y que nos iba escondiendo a su antojo nuestro rumbo.

Fue uno de esos días en que el cansancio de la ruta y el estupor de la altura nos hicieron echar más de una vez la vista atrás, con esa sensación de derrota, la cual por suerte se vio postergada con algún suspiro de ánimos que señalaba aquel nuevo horizonte que alcanzar.

Pero, finalmente, tras llegar allí donde aquellas dos puntas de hielo señalaban el inicio de un retorno obligado por unas horas de luz que apuraban una vuelta a oscuras, nos dimos la vuelta; los mapas se habían escurrido en esa fría mañana de… y los mismos parecían ser una perfecta excusa al fracaso de nuestra búsqueda.

Pero a la vuelta, unos pájaros a modo de cóndor sin dejar el paso por una vez, junto a unos vacunos que acariciaban con su tez ese verde pasto, nos señalaron allí donde esa laguna tomaba vida; no sé si fue un espejismo de lo que nuestra mente llevaba todo el día buscando, pero la verdad es que vimos o creímos ver aquello que buscábamos. Una vez más me daba a la idea de que uno podía ver e imaginar lo que se proponía en cada momento.

Pues tal vez ese mismo niño que linchaba ese balón en ese pasto marcado por porterías, no recordaría si era sábado o domingo sólo por el sonido de la moviola radiofónica, pues tal vez recordaría el día en que se había encontrado a las afueras del pueblo para festejar ese beso esperado con aquella joven que tal vez no veía entre semana.

Pues ahora me preguntaba si sólo recordaba los días cuando me interesaba… pues porque recordamos u olvidamos a nuestro antojo como al son de aquella neblina. Pues tal vez ahora soy un privilegiado por no recordar los días, pues no recuerdo cuándo empecé a contar los días de la semana en mi infancia… tal vez tras un primer beso de fin de semana… sólo por esta razón los empezaría a recordar a partir de ahora.